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| Última conversación antes de tu naufragio |
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- ¿ Dónde quieres recibirlo? - preguntaste con esa voz que abre las puertas más recónditas de mis deseos.
En el centro de mi centro - contesté con un hilo de voz que se deshilvanaba impúdico en una noche tan intensa como inesperada. Sentí, entonces, un río de lava abriéndose camino por laderas que nunca antes había presentido y una fina humedad, como de lluvias tornasoladas, comenzó a hervir en mis pezones. ¿ Lava o lluvia? ¿ Torrente o cascada? ¿ Piel o piedras? No tenía conciencia de lo que había sido antes y ya tampoco importaba. Era ahora un deseo satisfecho corriendo desnudo por entre las oscuras grietas de la noche ... Era ahora un estremecimiento nuevo galopando insomne sobre las obviedades de una caricia... Era tu boca, puesta allí, donde confluyen una ternura ciega y un delirio mudo... El eco de nuestro último estremecimiento aún provoca oleadas de satisfacción. Un rubor tan fresco como amanecer me produce hasta el mas leve roce de la brisa. Mis manos, bailando al ritmo de tus palabras... tiemblan con el cansancio que sólo el éxtasis revierte. Cuando más oscura es la noche, mas te extraño.
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ADÁN Y EVA *
Amanecí nuevamente con las costillas intactas: ninguna mujer me acompañaba. Sin embargo siento dolor en el pecho. Algo crece dentro de mí. Ojala sea Eva. Inquieto la espero y ya la amo. * Publicado en Todo el amor I. Nueva Imagen, 2002. p. 275.
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