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| Conversaciones Contigo - IV |
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¡ Es tan clara tu mirada cuando bajo el candente sol tus ojos se pierden en el horizonte marino!
Caminábamos lentamente y el brillo del salitre entre las arenas de la playa lanzaba destellos iridiscentes y peregrina de los brillos, me perdí en mis pensamientos. Posaste sobre mis hombros tus manos y yo me estremecí de gozo. ¡ Mira como se fragmenta el brillo del sol en el mar azul! - me dijiste con infantil alborozo. - El mar, amor, es el espejo del sol - te dije y vislumbré en tus ojos el asombro - pero no hay en el sol coquetería, sino entrega... ¿ Entrega? - preguntaste como quién busca en la palabra no su significado sino su motivación. - Entrega sin límites... si el espejo sólo reflejara la luz del sol, toda su riqueza interior moriría. - ¿ No habría ni corales ni peces? - Ni merluzas, ni sirenas ni tampoco tesoros ocultos. Consciente de tu mirada, proseguí: - El mar, amor, percibe todo el calor del sol y en un acto de fe que ya dura dos eternidades, lo convierte en fuente de vida. Da luz a extraordinarias criaturas... Me quedé en silencio pues la brisa traía a mis oídos lejanos susurros. Tal vez adioses en el muelle, tal vez bienvenidas en el puerto. - Como el amor mismo - sentenciaste quedo y entonces fueron mis ojos los que te miraron con asombro. Recordé las veces que sola frente al crepúsculo te enviaba con el sol mis besos para que allende los mares y las cordilleras, al amanecer percibieras mi tibieza y disfrutaras de ellos. En la medida de tus pensamientos, transitamos el puente de nuestras sensaciones... - Egoísta fuera el sol si sólo buscara un reflejo de sí mismo, y a pesar que sol y mar no se tocan ¡ cuántas vidas despiertan con su calor! - te dije como un rezo. Caminaste sonriendo hacia la salada agua. Por el recorrido de las gotas en tu cuerpo, yo evoqué otros recorridos... y entonces oí tu risa perdiéndose bajo las olas... - Claro que se tocan... eso hacen en la noche. ¿ Acaso no ves que se escapan juntos en cada crepúsculo y renacen juntos en cada amanecer? La hora había llegado: alcé el vuelo, y me fundí con tu azul cielo, entregándonos... Nubes suaves como algodones fueron nuestros cómplices.
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ÉXITO *
R: Juntos, con esfuerzo y tesón, con el delicado trabajo de un orfebre, hemos conseguido nuestra total infelicidad.
* Publicado en Todo el amor I. Nueva Imagen, 2002. p. 276.
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