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| Conversaciones Contigo - III |
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¿ Qué necesito para volar contigo? - preguntaste con esa deliciosa ingenuidad que despierta mi ternura y mi suspicacia, y que finalmente, me subyuga...
La emoción que hacía brillar tus ojos se trocó en desconcierto, cuando resumí en una sola palabra la respuesta: ¡Raíces! ¿ Raíces en vez de alas? - Entonces me conmovió tu confusión. Exactamente - te respondí. Y siguiendo el rastro de una ola, permití que el mar empapara el ruedo de mi falda. Tu dijiste que tenías celos del agua que acariciaba mis tobillos y yo me sonreí porque había asumido que eran precisamente tus dedos... mas tu urgente demanda de respuesta acalló mis lúdicos pensamientos. Hubiera podido elaborar una explicación mas técnica, pero amante de la pesca artesanal, te señalé una bandada de gaviotas que sobrevolaban los acantilados, planeando a intervalos sobre el algodonoso horizonte y volviendo a tomar posesión sobre las rocas... ¿ Las ves? - te dije - Vuelan. Van directo al sol y regresan. Retornan a su playa de siempre... Siempre tienen un punto de partida y un punto de retorno. Ese tocar el cielo y la tierra, alternativamente, las mantienen vivas. Así son los soñadores... necesitamos raíces para poder volar. Asentiste en silencio, como ausente. No sé si buscabas tus raíces o si calculabas la envergadura de tus alas. Tu siguiente pregunta llegó como salpicando alegrías, tal cual como se deshace en pringos la espuma de una ola sobre la roca: ¿ Tienes muchos sueños por soñar? - - Claro. Aún tengo muchos sueños por soñar. Tengo sueños que comenzaron con una fogata en la playa y que esperan continuación tras los puntos suspensivos que la rutina osó poner. Hay otros que comienzan cuando enciendo las velas en mi habitación, y con las llamas de las velas, las varitas de incienso... y se quedan allí, flotando en el humo, tan reales en su esencia, como un aroma, esperando que lo percibas para existir... Sucede que tengo también otros sueños que comienzan uniendo mis manos a otras manos, y mi voz a otras voces... sueños que se escapan por entre los dedos o las rendijas de una voluntad que flaquea... Hay sueños que se conciben con el primer rayo de luna y que se sepultan con el primer rayo de sol. Así mismo, tengo sueños peligrosos, de esos que camuflan pozos profundos tras cimas deslumbrantes. Otros que semejan chispas pero que generan fuegos inextinguibles... y otros tantos de los que aún no despierto. Mientras yo hablaba, habíamos ido avanzando hasta las rocas, e ignorándonos, las gaviotas seguían ensayando sus vuelos. Nos quedamos un rato en silencio, observándolas. Yo pensaba en mi más hermoso sueño, ese que semeja un poema continuado y del cual ya hemos escrito los siete primeros versos. Tu, en cambio, ensayabas tus vuelos. O al menos, eso creía la más sonriente gaviota de la bandada... y te alejaste planeando suavemente hacia el azul horizonte. En la playa quedaron nuestras huellas... y las de un húmedo sueño inconcluso.
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ÉXITO *
R: Juntos, con esfuerzo y tesón, con el delicado trabajo de un orfebre, hemos conseguido nuestra total infelicidad.
* Publicado en Todo el amor I. Nueva Imagen, 2002. p. 276.
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