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| Un cuento sobre la libertad |
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Una noche de septiembre salió la niña a caminar. Sus huellas sobre la arena de la playa eran besadas por la luna y el mar.
Aspiraba el aire fresco y se dejaba acariciar por la brisa, que sabía a mar, que olía a sal. Levantó sus brazos al infinito y un grito desgarrador hizo añicos el silencio de la paz. Unas cadenas, sin fin de eslabones, mordían con fruición sus muñecas de porcelana. Era prisionera la niña. Poseía el mar, la sal, el sol, pero era cautiva de sus posesiones. Poseía el amor, la verdad y el dolor, pero era cautiva de sus posesiones. Su mundo, que tenía por techo un cielo, y una playa por lecho; tenía también por ventanas, barrotes y por paredes, murallas. Lloraba la niña, y sus sollozos eran notas extrañas al concierto solemne y tropical de las olas. Calló el mar, detúvose la brisa, y la palmera, orgullosa y coqueta pestañeó inquieta. La niña sollozaba y Natura enmudecía: " Quiero ser libre, gozar del mar y de la brisa. Acariciar el espacio y besar el horizonte. Hacer el amor con las olas y darle un hijo a la arena de la playa. Quiero poseer el goce de la libertad, el goce increíble del sol que seduce mi piel y la arena que enamora mi cuerpo. Quiero poseer el dulce placer de vagar por entre las playas, ser la ola que estalla al golpear la montaña, ser la roca que se prostituye con el mar, ser la gaviota que despliega sus alas de algodón y en el firmamento realiza su sueño de volar al infinito, mientras que en un cópula de esplendor se pierde en el horizonte y eterniza su libertad. Poeta ¿ dónde estás? Tu me enseñaste cuál es la verdad, enséñame ahora a vivir en libertad... " Se quiebra la voz de la niña, el mar entona su sonata de amor, la luna se asoma a su balcón y la brisa trae la música del pescador. Sobre la playa parece flotar un hálito de suspenso. Llega el poeta a la playa, toma entre sus brazos a la niña, bebe sus lágrimas y besa sus manos. " Niña, la libertad está dentro de ti y tu encadenas o desatas tu propia libertad. Tu misma puedes ser carcelero y libertador. Vivir siempre en libertad, es vivir siempre con tu verdad a cuestas. Si vives con la verdad, eres libre. Si vives con la naturaleza, eres libre. Si sabes amar, compartir y convivir, eres libre de verdad. Para aprender a vivir en libertad, sólo tienes que aprender a sonreír y a perdonar. Vive, ama, sé libre, niña. Rompe tus cadenas. No necesitas limas ni seguetas; basta el deseo de ser libre y podrás. Cada eslabón es una duda, una indecisión, una indeterminación, y las dudas encadenan, oprimen y maltratan. Cuando ames, no dés lugar a dudas, y cada vez tu amor será más grande, más libre y tu te engrandecerás, te liberarás. Ven niña, rompe tus cadenas. La libertad está en ti, y es tu capacidad de amar." " Yo te amo, poeta. Amo tu vida, tu paz y tu libertad." Y niña y poeta, juntaron sus manos, abrieron sus almas y gozaron de la dicha que produce poseer la verdad y vivir en libertad.
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HISTORIA ERÓTICA EN UN MCDONALD'S *
Luego de una Big Mac, que mucho nos excitó, Alice y yo fuimos a un motel. Algo deben de tener las hamburguesas, dijo ella tocándose los muslos con fiereza, debe de ser la cebolla, el tocino o posiblemente la salsa catsup. Aguarda, le advertí, no tardaremos en llegar. De lo contrario, tú terminarás antes de tiempo y yo tendré que masturbarme. Aceleré mi Harley-Davidson y pronto estuvimos en una enorme habitación del motel La Guarida del León Degenerado, con jacuzzi y cama de agua. Como pudimos, nos desvestimos. En mi caso era complejo: botas, chamarra de cuero, camisa vaquera, cinturón de hebilla de plata, jeans…
Ella sólo traía una falda corta, medias negras, una sudadera que precisaba el origen de sus estudios: University of Kansas y una mascada para sujetarse el cabello rubio. Nos abrazamos con fuerza y caímos sobre la cama. La besaba y ella correspondía con fogosidad. Jadeando, preguntó: ¿Qué hago, amor? ¡Muévete!, contesté imperioso. Y Alice comenzó a hacer aerobics. * Publicado en Todo el amor II. Nueva Imagen, 2002. p. 143.
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